Por Bárbara Diego, 15 junio 2020.
@barbaradiego
Hoy 15 de junio, es el DÍA MUNDIAL DE TOMA DE CONCIENCIA DE ABUSO Y MALTRATO EN LA VEJEZ y como gerontóloga y alguien que ha descubierto que su misión personal es “hacer del mundo un mejor lugar envejecer” este es un día de reflexión.
Una parte importante de mi mundo gira en torno al envejecer, las personas mayores y los cuidados, leo mucho, veo noticias, preparo conferencias, sigo a organizaciones que admiro profundamente en estos temas y acompaño a otras que van forjando su camino buscando mejorar el panorama para aquellos a quienes la vida les ha regalado años.
Este día, mis canales de comunicación han estado llenos de información, comunicados, videos, lives y conferencias al respecto, en una primer mirada, todos acusamos la violencia que se ejerce hacia las personas mayores en forma de golpes, insultos, abusos patrimoniales y otras manifestaciones muy visibles de este mal.
En mi reflexión, quise hacer un ejercicio honesto y personal, voltear hacia adentro y cuestionar mi pensar, mi discurso, mi quehacer profesional y encontrar si ha habido algo de maltrato hacia las personas mayores ahí, confieso que no es fácil, lo encuentro tan sutil y tan lleno de una profunda motivación de ayudar y reparar.
En 18 años de recorrido en este campo debo decir que encuentro innumerables ejemplos de cómo sin tener una conciencia plena he participado en este tema.
-Cuántas veces corrí a la puerta del centro a ayudar a alguna persona mayor a entrar y ofrecerle mi brazo sin preguntar si lo necesitaba, dando por hecho que por su edad era obvio, cuando lo que quería era entrar por sus medios, sin importar ir un poco más lento, saludar, leer el periódico y llevar una conversación de iguales.
-Cada vez que cariñosamente me referí a este grupo, por definición heterogéneo, y los llamé “abuelitos” quitándoles su individualidad y borrando gran parte de su historia de vida en una frase.
-Cuando llena de confianza y profesionalismo me senté con colegas y familiares a decidir la mejor forma de atender a una persona con problemas de memoria que estaba sentada frente a mi y no me detuve a involucrarla en su tratamiento o siquiera le pregunté cómo prefería ser llamada. 
-Tantas veces que por falta de formación repetí conceptos erróneos que sólo fomentaron los prejuicios en mi círculo cercano porque tengo que aceptar que muchas veces quienes nos dedicamos a este tema somos los más edadistas, quienes más vemos esta etapa de vida llena de déficits y carencias y en consecuencia actuamos y proponemos.
-Y cómo dejar de lado mi tono “paternalista” cada vez que salió de mi boca con orgullo “nuestros mayores”, como si se tratara de un grupo que nos pertenece.
Podría seguir enumerando ejemplos pero quiero cerrar mi reflexión abriendo una discusión y proponiendo que este se vuelva tu siguiente tema de sobremesa, te invito a que, sin miedo, encuentres un par de ejemplos en tu vida donde has ejercido este tipo de maltrato sutil, lleno de buenas intenciones, y comiences a dar otra mirada a tus interacciones con las personas mayores a tu alrededor.

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