8 de marzo: Celebremos a las mujeres de todas las edades

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer es una oportunidad para reflexionar sobre los avances que han tenido las mujeres en los últimos años respecto al acceso a derechos, igualdad y oportunidades para su desarrollo. 

Aunque la situación de las mujeres en el mundo ha mejorado y tenemos mayores espacios de decisión, todavía queda mucho por hacer y tenemos muchos retos por delante.

La celebración de esta fecha comenzó con una protesta en la ciudad de Nueva York en 1908, donde las mujeres salieron a las calles para exigir el derecho al voto, jornadas laborales más cortas y mejores salarios. Desde entonces, la conmemoración ha tomado muchas formas y hoy en día es un evento global que cuenta con el apoyo de muchas organizaciones, gobiernos e instituciones académicas. El movimiento feminista es un plataforma histórica, de mujeres cuyas consignas se basaron en demandas básicas de derechos iguales a los de los hombres.

Las mujeres somos diversas y nuestros intereses son múltiples, pero los derechos deben ser para todas sin importar la edad. Un grupo  de la población que ha sido poco visibilizado es el de las mujeres mayores, quienes tienen poca representación en distintos ámbitos del movimiento feminista, pese a que muchas de ellas durante gran parte de su vida, con su ejemplo, han abierto camino de mujeres de generaciones más jóvenes.

Las mujeres mayores son un grupo que no ha sido evidenciado tan consistentemente en las demandas sociales y políticas del movimiento  y aunque el tema de violencia, desafortunadamente,  es el que mayormente atraviesa a mujeres de todas las edades, las experiencias de desigualdad de las mujeres mayores además incuyen la discriminación por razones de edad, la dependencia física por enfermedades y la ausencia de redes sociales de apoyo al quedar viudas o estar alajadas de sus familiares. Del mismo modo, la cuestión económica y financiera suele ser para las mujeres mayores una gran problemática, ya que al haberse dedicado mayormente al ámbito doméstico y de cuidados, las excluye de un soporte económico como la jubilación o una jubilación digna.

Es necesario conocer más sobre las necesidades de este sector de la población e integrar la perspectiva de género en la gerontología. Debemos enfocar las acciones en reconocer que las mujeres mayores acumulan desventajas a lo largo de su vida, lo que las hace más vulnerables y propensas a sufrir alguna clase de abuso, ya sea físico, mental, económico y patrimonial.

 

Leticia Huerta Benze

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